Exposiciones / Esto no es Hawaii

06 de Agosto de 2020 - 30 de Septiembre de 2020
Palacete del Embarcadero, Santander
Comisariado:
Juan González de Riancho y Elsa Fernández-Santos

A partir de un testigo excepcional —el influyente periodista musical Jesús Ordovás— el Archivo Lafuente recorre en la exposición «Esto no es Hawaii» algunos de los grandes hitos de la movida madrileña desde la trastienda y hasta la primera fila del movimiento (el primero plenamente pop de la historia de España). De la misma manera que el punk generó en Londres o en Nueva York una estética artística, en el Madrid de principios de los años ochenta surgió en torno a la música y los conciertos un discurso visual plasmado en el diseño de carteles, la pintura o la fotografía; de figuras como, por ej., Ceesepe, Mariscal, Alberto García-Alix, Ouka Leele, El Hortelano y Miguel Trillo a los fanzines, carteles, revistas y programas de radio (como el que llevaba el título de esta exposición) que dinamizaron la explosión juvenil ocurrida en España entre los años setenta y ochenta. Entre el fabuloso material que Ordovás ha conservado a lo largo de más de cuatro décadas y que ahora se exhibe, hay documentación y fotografías originales alrededor de dos de los momentos fundacionales de la movida: el concierto celebrado en la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid el 9 de febrero de 1980, hace cuarenta años, en memoria de José Enrique Cano Leal Canito, batería del grupo Tos fallecido en un accidente de tráfico en enero de 1980; y las mañanas de domingo en el Rastro de Madrid cuando los jóvenes de entonces se reunían entre anticuarios y baratijas para comprar y vender discos y revistas autoeditadas. En ese contexto se conocieron Alaska y Carlos Berlanga gracias a un disco de Vainica Doble que Berlanga vendía en su puesto, y allí, desde su propio tenderete, Ceesepe hizo de puente entre Madrid y los dibujantes de El Rrollo de Barcelona. El prolífico artista madrileño despuntó en el cómic y en sus trabajos para editoriales, como La banda de Moebius, para después brillar en su trayectoria de pintor, con obras como Estrellita va a New York, Café de Madrid o Desastre Naval, reunidas para esta exposición y que fueron realizadas respectivamente en 1981, 1982 y 1983. Ceesepe sería, junto con Alberto García-Alix, Ouka Leele y El Hortelano, la figura más destacada de la llamada Cascorro Factory, aventura donde coincidieron cuatro de los artistas más sólidos y singulares de aquel incipiente movimiento juvenil.

A través de obra original escogida, una treintena de carteles, más de cien discos, maquetas, fotografías y más de cincuenta fanzines, «Esto no es Hawaii» recorre los entresijos de una corriente que impulsó la colaboración entre pintores, músicos, escritores, cineastas y diseñadores. El cineasta Pedro Almodóvar dijo en una ocasión que la sala de conciertos Rock-Ola fue la universidad de la movida. Un lugar, añadiría el periodista musical Diego A. Manrique, «donde casi se pudo tocar la felicidad». Los carteles, flyers y revistas que giraron alrededor de la movida significaron un nuevo horizonte visual en el que participaron creadores de la talla de grandes diseñadores: Oscar Mariné, director de Madrid me mata (junto con un equipo que incluía al fotógrafo Jordi Socías); Montxo Algora, con sus portadas de discos para La Mode o Aviador Dro, o para La Luna (la mítica revista de Borja Casani); o Javier Mariscal, quien en 1981 ilustró el relato Fuego en las entrañas, de Almodóvar, publicado solo un año después del estreno de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y destinado a marcar un hito entre el underground barcelonés y la movida madrileña. «En su breve vida —dice el poeta y editor José Luis Gallero en el canónico Sólo se vive una vez, esplendor y ruina de la Movida madrileña— la Movida tuvo que debatirse entre el escepticismo de la vieja guardia intelectual, la utilización propagandística por parte de las instituciones, la voracidad de los medios de comunicación en pleno proceso de expansión, la inicial indiferencia y posterior ambición comercializadora del mercado, y finalmente, su propia iconoclasia.» El Archivo Lafuente alberga fondos de muchas de las voces más importantes y simbólicas de un movimiento cuyo arraigo contracultural es imprescindible para trazar la historia del underground en España y del relato no oficial de la Transición.

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