Historia

El Archivo Lafuente aspira a reunir y difundir un mapa documental que impulse nuevas interpretaciones historiográficas, perspectivas originales y, en general, la investigación y la producción de conocimiento en el ámbito del arte moderno y contemporáneo. Creado en el 2002 por José María Lafuente, la trascendencia que otorga el Archivo a las transformaciones en la materialidad visual del lenguaje a lo largo del siglo xx emana de la convicción de que el arte no solo entraña un proceso de búsqueda en el plano estético, sino que constituye también una forma de conocimiento y comunicación de pleno derecho.

Archivo Lafuente, Sede Santander
Archivo Lafuente, Heras - Cantabria

El germen del Archivo Lafuente se remonta a los años ochenta, época en la que José María Lafuente inició una colección de arte que iría creciendo con la incorporación de obras de pintores y escultores españoles, a los que se sumaron gradualmente algunas piezas de artistas internacionales. En la práctica de su actividad como coleccionista de arte, Lafuente constató enseguida de primera mano la ausencia de archivos privados o institucionales en España que ofreciesen acceso a las fuentes de documentación originales, la «información primaria» sobre la que se argumentan los desarrollos del arte a lo largo del pasado siglo. En torno al 2002, su actitud y sus intereses como coleccionista experimentaron un cambio de perspectiva importante, gracias al cual, el Archivo Lafuente cobraría su verdadero impulso fundacional. En esta transformación resultó determinante la adquisición de los legados documentales de dos personajes de relevancia en la escena cultural española de la segunda mitad del siglo xx.

Miguel Logroño (Zaragoza, 1937 - Madrid, 2009) fue crítico de arte y fundador del Salón de los Dieciséis, primer director de la Biblioteca del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, y amigo de numerosos artistas. Además de un gran conjunto de obras de arte, en su mayoría de artistas españoles de la segunda mitad de siglo, la biblioteca y el archivo personal de Logroño, adquiridos por Lafuente en julio de 2003, incluían, además de numerosos libros y catálogos, material efímero y gran cantidad de documentación impresa de muy diverso carácter. Entre esta documentación se contaban numerosas publicaciones relativamente poco conocidas, o bien difíciles de encontrar, que en su conjunto registraban con fidelidad y detalle los diversos desarrollos del panorama artístico contemporáneo español a lo largo del siglo.

La intensa faceta política de la actividad de Pablo Beltrán de Heredia (Gran Canaria, 1917 - Santander, 2009) vendría marcada por su estrecha vinculación a José María Gil Robles, de cuya obra fue editor, y su apoyo a la causa monárquica de don Juan de Borbón. En su vertiente cultural, el editor y profesor universitario Beltrán de Heredia destacó como socio y activo colaborador de la Imprenta Bedia, editorial decisiva en la difusión de la poesía española del siglo xx y célebre por la exquisita calidad formal de sus publicaciones. En los últimos años de su vida, Beltrán de Heredia entabló una estrecha relación de amistad con José María Lafuente, y así fue como a su fallecimiento, en agosto del 2009, Lafuente recibió en herencia su archivo personal, que ilustraba en detalle su activa labor como académico y editor. Con anterioridad, en mayo de 2002, el Archivo Lafuente ya había adquirido una pequeña pero significativa sección de aquel archivo personal, vinculada a los encuentros y actividades de la Escuela de Altamira, en cuya organización había sido fundamental la participación de Beltrán de Heredia. Celebrados en 1949 y 1950, los Encuentros se habían encaminado a promover el intercambio entre artistas españoles e internacionales, a fin de recuperar y revitalizar la vanguardia artística del país. Su registro documental incluía obras de arte y, junto a ellas, intercambios epistolares, impresos de carácter efímero, manuscritos y todo tipo de documentación y catálogos sobre los artistas e intelectuales participantes.

La entrada de ambos fondos en la colección de José María Lafuente ejerció un impacto definitivo en su actividad como coleccionista, impulsando la documentación a un lugar preeminente en dicha colección. A partir de este cambio de orientación, el crecimiento del Archivo Lafuente se ha basado en dos premisas:

Por un lado, ocupa el primer plano del interés del Archivo la doble condición del documento —sea libro, boceto, manuscrito o cualquier otro formato— como material informativo y contextualizador y, a la vez, como obra creativa de pleno derecho. En consecuencia, disciplinas y géneros tradicionalmente considerados secundarios o menores, como el diseño gráfico, la tipografía, el libro de artista o la escritura experimental, se sitúan al mismo nivel que la pintura o la escultura. Salvando la secular separación entre obras y documentos, el acento recae no ya en sus diferencias, sino en los puntos que comparten y en las estrechas relaciones que los unen.

Por otro lado, las zonas geográficas cuya actividad se ilustra en el Archivo se expanden mucho más allá de los núcleos de desarrollo principales de los diversos movimientos y tendencias, en un esfuerzo por documentar la historia del arte en áreas tradicionalmente consideradas marginales o periféricas y cuya actividad, por lo tanto, no se ha estudiado con el debido rigor. Así, aunque el eje central de interés se sitúa con claridad en Europa y América latina, en el Archivo Lafuente prevalece una perspectiva panorámica, que no se supedita en modo estricto a las fronteras geográficas, los movimientos artísticos o la mera ordenación cronológica. La intención, más bien, es que la propia textura de los vínculos que relacionan los diversos documentos que componen el Archivo Lafuente reproduzca de forma literal la tupida urdimbre de parentescos de afinidad, influencia, colaboración, competencia o incluso conflicto que vinculan la producción de un gran número de artistas a lo largo del siglo xx.

Por ello, en el conjunto del Archivo, un énfasis especial recae en movimientos, corrientes y tendencias que implicaron la colaboración artística y el contacto personal de artistas y creadores a través de una geografía tan amplia como interconectada, no solo en el territorio artístico, sino también en ámbitos tan diversos como la literatura, la tipografía y el diseño gráfico, la propaganda política, la publicidad y los medios de comunicación, la arquitectura y la fotografía, entre otros.

Archivo Lafuente, Sede Madrid
Archivo Lafuente, Madrid

A partir de 2003, las diferentes colecciones y fondos que conforman el Archivo Lafuente comenzaron a mostrarse en España, en diversas exposiciones temporales organizadas por instituciones públicas y privadas. En 2014 se ha puesto en marcha la catalogación sistemática de los contenidos del Archivo Lafuente, y se ha iniciado la divulgación en línea de una selección representativa de sus fondos. La reciente adquisición del Fondo 1962-1978, también en 2014, ha consolidado la expansión del ámbito de interés del Archivo hacia la contemporaneidad, al incorporar una sólida selección de publicaciones de artista y catálogos de exposición que datan de un período crucial, en el que los que los artistas expandieron su campo de acción al material de difusión y al papel impreso en general, y el libro de artista se convirtió por primera vez en soporte artístico por derecho propio.

La voluntad del Archivo Lafuente es continuar reforzando su labor de difusión y su accesibilidad a lo largo de los próximos años, mediante la apertura gradual de sus fondos a la consulta in situ de investigadores y especialistas y la difusión de sus contenidos a través de exposiciones, publicaciones y actividades varias, además de la participación diligente en proyectos de investigación, colaborando y compartiendo datos y conocimientos con otras entidades e instituciones.