Fondo Pablo Beltrán de Heredia

1925-2005

Productor: Pablo Beltrán de Heredia

Área geográfica: España

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Escritor, editor y promotor cultural, Pablo Beltrán de Heredia (Gran Canaria, 1917 - Santander, 2009) se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Madrid. Entre sus muchas actividades y ocupaciones fue vicedirector del Centro Coordinador de Bibliotecas de Santander, miembro fundador de la Escuela de Altamira, profesor de Geografía e Historia en el Instituto de Segunda Enseñanza José María de Pereda, vocal del Patronato del Museo del Prado, director de actividades culturales de la Fundación Santillana y profesor del departamento de español de la Universidad de Texas, en Austin.

La intensa faceta política de la actividad de Pablo Beltrán de Heredia vendría marcada por su estrecha vinculación a José María Gil Robles, de cuya obra fue editor, y su apoyo a la causa monárquica de don Juan de Borbón; en su gran mayoría, la documentación generada por su actividad política y académica se conserva en la Universidad de Navarra. El Archivo Lafuente conserva, por su parte, la huella de la vertiente cultural de su actividad, en la que Beltrán de Heredia destacó como socio y activo colaborador de la Imprenta Bedia, editorial decisiva en la difusión de la poesía española del siglo xx y célebre por la exquisita calidad formal de sus publicaciones. En esta editorial impulsó las colecciones “Viento Sur”, “Cantalapiedra”, “Clásicos de todos los años” y “Colofón del año”. Entre los libros de los que fue autor, destacan El doctor Díaz Caneja y su tertulia (1990), Memorias de Monte Corbán (1997), El magisterio de Menéndez Pelayo (2001) y Ricardo Gullón en el recuerdo (2001).

En los últimos años de su vida, Beltrán de Heredia entabló una estrecha relación de amistad con José María Lafuente, y así fue como a su fallecimiento, en agosto del 2009, Lafuente recibió en herencia su archivo personal, que ilustraba en detalle su activa labor como académico y editor. Con anterioridad, en mayo de 2002, el Archivo Lafuente ya había adquirido una pequeña pero significativa sección de aquel archivo personal, vinculada a los encuentros y actividades de la Escuela de Altamira, en cuya organización había sido fundamental la participación de Beltrán de Heredia. Celebrados en 1949 y 1950, los Encuentros se habían encaminado a promover el intercambio entre artistas españoles e internacionales, a fin de recuperar y revitalizar la vanguardia artística del país. Su registro documental incluía obras de arte y, junto a ellas, intercambios epistolares, impresos de carácter efímero, manuscritos y todo tipo de documentación y catálogos sobre los artistas e intelectuales participantes.